jueves, 20 de agosto de 2009

Heroes argentinos en las Malvinas.

Antonio Rivero, nacido en Concepción del Uruguay, actual provincia de Entre Ríos, Argentina el 27 de noviembre de 1808.

Antonio Rivero llega a las Islas Malvinas en el año 1827, cuando contaba con 20 años de edad, fogoneado, seguramente, por el clima guerrero y revolucionario de la lucha emancipadora independentista librada en los territorios entonces dominados por la España virreinal.

Con esa misma cosmovisión habrá arribado a las islas, privado ya de la libertad aclamada a los cuatro vientos en el continente, al constituirse como testigo de la destrucción norteamericana, primero, y de la usurpación británica, después.

Anteriormente a 1833, en Puerto Soledad ya existía un grave estado de anarquía y desorden, sobre todo cuando en diciembre de 1831 la corbeta de guerra estadounidense Lexington atacó y destruyó las defensas argentinas del lugar, ocupando temporalmente las islas y tomando prisioneros, en represalia por el apresamiento de buques balleneros norteamericanos que cazaban sin permiso. En su momento, Silas Duncan, capitán de la Lexington, declaró que las Malvinas pertenecían “al mundo”.

El 3 de enero de 1833 la fragata inglesa de guerra Clío arribó a Malvinas. Luego de que sus tripulantes plantasen un mástil en una de las pocas casas de Puerto Soledad, se iza en él la bandera británica, violándose explícitamente la soberanía nacional sobre el archipiélago. Por entonces Antonio Rivero, gaucho entrerriano, era un peón a cuyo mando se encontraba el capataz Juan Simón. Las condiciones de los peones era miserable: cada uno de ellos ganaba solamente dos pesos metálicos por cada animal que capturaban, mientras que poco y nada se sabía del dinero que tanto Simón como Francisco Freyre, amanuense de aquél, manejaban por venderles reses a los buques de bandera extranjera.

Fue Juan Simón una de las víctimas de los hechos que habrían de producirse el 26 de agosto de 1833, en razón de erigirse, previo nombramiento por el teniente coronel de la Armada, Pinedo, en comandante político y militar de las Islas Malvinas. En este punto, su autoridad jamás fue reconocida por los ingleses aunque sí “permitida” por el capitán John James Onslow, comandante de la fragata de guerra Clío, y aquí radica la condición de autoridad “argentina” de Simón, al momento de los acontecimientos.

Los usurpadores dispusieron, desde el 3 de enero de 1833 y hasta el 26 de agosto, el izamiento y arriamiento del pabellón invasor en el único mástil del lugar. El encargo de tal tarea, llevada a cabo por el irlandés Guillermo Dickson, fue ordenado por el nombrado capitán inglés Onslow. Más tarde Dickson caería bajo el fuego justiciero del gaucho Rivero.

Todos estos acontecimientos desembocarían, pues, en la gesta reivindicativa y patriótica de Antonio Rivero y de otros 7 argentinos más: dos gauchos (Juan Brasido y José María Luna) y cinco indios (Manuel González, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Zalazar y M. Latorre), quienes el 26 de agosto de 1833 recuperaron y restituyeron hasta el 18 de marzo de 1834, fecha en que fueron capturados, retenidos y luego juzgados en Londres ante tribunal militar, la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas.

Aunque se exigió para ellos la pena de muerte, el tribunal inglés que les juzgó los absolvió al reconocer que sus acciones bélicas habían sucedido fuera de los dominios de la corona.

Representa un orgullo para nuestra identidad el saber que hombres de tierra adentro, como los indios y los gauchos, escribieron páginas heroicas en la lucha por la Patria y sus justas reivindicaciones.

El final de Antonio Rivero es parte de la leyenda criolla. Se estima que murió combatiendo otra vez a los ingleses y sus aliados franceses, en noviembre de 1845, cuando la Batalla de Vuelta de Obligado.

Fuentes:

- La Rebelión del Gaucho Rivero - Gabriel O. Turone
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

jueves, 6 de agosto de 2009

La muerte jugando a los dados...

Amotinamiento de reclutas en Catamarca

Fuente: www.revisionistas.com.ar

Guerra de la Triple Alianza (1864-1870)

La tarea que el gobernador de Catamarca, Victor Maubecín, acometió con mayor entusiasmo durante su gobierno fue la formación del contingente con que la provincia debía contribuir al Ejército del Paraguay. Guerra impopular esta de la Triple Alianza. Tradiciones y documentos nos hablan de la resistencia que demostró parte de nuestro pueblo frente a la recluta ordena

da por el Gobierno Nacional. Algo decía al sentimiento de nuestros paisanos que esa contienda ninguna gloria agregaba a los lauros de la patria, y que tampoco existían motivos para pelear contra un pueblo más acreedor a su simpatía que a su rencor. En Entre Ríos, los gauchos de Urquiza desertaron en masa, pese a que en otras ocasiones fueron leales hasta la muerte con su caudillo. En La Rioja, el contingente de 350 hombres asignado a la provincia se reclutó entre la gente de la más baja esfera social. Un testigo calificado, el juez nacional Filemón Posse, explicaba al Ministro de Justicia, Eduardo Costa, los procedimientos compulsivos que había utilizado el gobierno local al expresar que “se ponían guard

ias hasta en las puertas de los templos para tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si e

staban eximidos por la ley”.

El método usado para el reclutamiento, tanto como el duro trato a que fueron sometidos los “voluntarios” durante los tres meses que duró la instrucción militar, fueron causa de varias sublevaciones. El mismo testigo señala, a ese respecto, el estado de desnudez de la tropa, lo cual movía la compasión del vecindario cuando salía a la plaza para recibir instrucción. “Más parecen mendigos que soldados que van a combatir por el honor del pueblo argentino”, afirmaba sentenciosamente, agregando que tal situación suscitó la piadosa intervención de la Sociedad San Vicente de Paul que les proveyó de ropa y comida. Acusaba también al gobernador Maubecín de incurrir en una errónea interpretación del estado de sitio, cuando exigía al vecindario auxilios de hacienda y contribuciones forzosas para costar los gastos de la movilización.

La situación que se ha descrito veíase agravada por el trato duro e inhumano que se daba a los reclutas. José Aguayo, uno de los oficiales in

structores, ordenó cierta vez por su cuenta, la aplicación de la pena de azotes en perjuicio de varios soldados. Olvidaba o ignoraba, quizás, que la Constitución Nacional prohibía expresamente los castigos corporales. Este hecho motivó un proceso criminal en contra del autor, cuando los damnificados denunciaron el vejamen ante el Juzgado Federal. Su titular falló la causa condenando a Aguayo a la inhabilitación por diez años para desempeñar oficios públicos, y a pagar las costas del juicio. Dicha sentencia disgustó a Maubecín, quien negó jurisdicción al magistrado para intervenir a propósito de los castigos impuestos en el cuartel “a consecuencia de una sublevación”. El gobernador calificaba de “extraña” la i

ntervención de Filemón Posse y afirmaba que esa ingerencia era “una forma de apoyo a los opositores sublevados”. El choque entre el juez y gobernador originó un pleito sustanciado en la esfera del Ministerio de Justicia y dio materia a una sonada interpelación al mini

stro Eduardo Costa por parte del senador catamarqueño Angel Aurelio Navarro.



Los “voluntarios” se sublevan


El mes de octubre de 1865 llegaba a su término. Faltaban pocos días para la partida hacia Rosario del batallón “Libertad” cuando un incidente vino a conmover a la población. La tropa de “voluntarios”, cansada de privaciones y de castigos, se amotinó con el propósito de desertar. No es aventurado suponer que para dar ese paso debe haber influido un natural sentimiento de rebeldía

contra la imposición de abandonar la tierra nativa, a la que seguramente muchos no volverían a ver. Actores principales de la revuelta fueron poco más de veinte reclutas, pero la tentativa fue sofocada merced a la enérgica intervención de los jefes y oficiales de la fuerza de custodia.

Inmediatamente, por disposición del propio Gobernador, jefe de las fuerzas movilizadas, se procedió a formar consejo de guerra para juzgar a los culpables. El tribunal quedó integrado con varios oficiales de menor graduación y la función del fiscal fue confiada a aquel teniente José A

guayo, procesado criminalmente por el Juez Federal a raíz de la pena de azotes impuesta a otros soldados.

Actuando en forma expeditiva, el cuerpo produjo una sentencia severa y originalísima en los anales de la jurisprudencia argentina. Los acusados fueron declarados convictos del delito de “amotinamiento y deserción”. Tres de ellos, a quienes se reputó los cabecillas del motín, fueron condenados a la pena de muerte aunque condicionada al trámite de un sorteo previo. Solamente uno sería pasado por las armas, quedando los otros dos destinados a servir por cuatro años en las tropas de línea. Los demás acusados, 18 en total, recibieron condenas menores que variaban entre tre

s años de servicio militar y ser presos hasta la marcha del contingente.



La muerte en un tiro de dados


La sentencia fue comunicada a Maubecín, quien el mism

o día -28 de octubre- puso el “cúmplase en todas sus partes” y fijó el día siguiente a las 8 de la mañana para que tuviera efecto la ejecución. Un acta conservada en el Archivo Histórico de Catamarca nos ilustra sobre las circunstancias que rodearon el hecho.

A la hora indicada comparecieron en la prisión fiscal, e

scribano y testigos. El primero ordenó que los reos Ju

an M. Lazarte, Pedro Arcadé y Javier Carrizo se pusieran de rodillas para oír la lectura de la sentencia. Enseguida se les comunicó que “iban a sortear la vida” y, a fin de cumplir ese espeluznante cometido, se les indicó que convinieran entre sí el orden del sorteo y si la ejecución recaería en quien echara más o menos puntos. En cuanto a lo primero, quedó arreglado que sería Javier Carrizo el primero de tirar los dados, y respecto de lo segundo, que la pena de muerte sería para quien menor puntos lograra.

Ajustado que fue el procedimiento, se vendó los ojos a los condenados y se trajo una “caja de guerra bien templada”, destinada a servir de improvisado tapete. Cumplidas esas formalidades previas, Javier Carrizo recibió un par de dados y un vaso.

No cuesta mucho imaginar la dramática expectativa de aquel instante, el tenso silencio precursor de esa definición. La muerte rondaba sombría y caprichosa como la fortuna en torno a la cabeza de esos tres hombres. Es probable que hayan formulado una silencios

a imploración a Dios para que ese cáliz de amargura pasara de sus labios.

Javier Carrizo metió los dados dentro del vaso. Agitó luego su brazo y los desparramó sobre el parche… ¡Cuatro!. Tocaba a Lazarte repetir el procedimiento de su compañero de infortunio. Tiró… ¡Siete!. Las miradas se concentraron entonces en la cara y en las manos del tercero. Pedro Arcadé metió los dados en el cubilete, agitó el recipiente y tiró… ¡Sacó cinco!. La suerte marcaba a Javier Carrizo con un signo trágico.

El acta nos dice que se llamó a un sacerdote a fin de que el condenado pudiera preparar cristianamente su alma. Después de haber sido desahuciado por los hombres, sólo le quedaban el consuelo y la esperanza de la fe. El pueblo catamarqueño, que tantas veces fue sacudido por hechos crueles derivados de las luchas civiles, nunca había sido testigo de un fusilamiento precedido de circunstancias tan insólitas.

En otro orden de cosas, parece necesario decir que la pena de muerte aplicada a Javier Carrizo cumplió el propósito de escarmiento que la inspiraba. A lo que sabe

mos, no se produjo más tarde ninguna sublevación del batallón de “voluntarios” Libertad. Conducido por el propio Maubecín, hasta el puerto de Rosario, llegó a destino y sus componentes pelearon en el frente paraguayo dando pruebas de heroísmo. Estuvieron en las más porfiadas y sangrientas batallas: Paso de la Patria, Tuyutí, Curupaytí y otras. De los 350 soldados que salieron del Valle, el 6 de noviembre de 1865, solo regresarían 115 al cabo de 5 años. Los demás murieron en los fangales de los esteros paraguayos.


Fuente


Armando Raúl Bazán – La Pena de Muerte por Sorteo en Catamarca

Efemérides Históricas– Patricios de Vuelta de Obligado.

Todo es Historia – Año 1, Nº 1, Mayo de 1967.

Turone, Gabriel O. – Reclutamiento en Catamarca (2007).


martes, 4 de agosto de 2009

Origen de las palabras: "La Matanza" y otras...

Hoy en día es algo que nos parece normal hablar de la violencia del partido de "La Matanza", que las elecciones se definen en "La Matanza" o recordamos a una vieja locutora que se postulo para la intendencia con el lema "¡Mi Matanza!". Pero el echo que el nombre si uno lo escucha fríamente nos parece escalofriante: "La Matanza", pero el origen es tan escalofriante como suena.

Por mas que que digan que el origen del nombre es por las matanzas de animales cimarrones, la cuestión comenzó el 2 de Febrero de 1536, día que se fundo por primera vez el "Puerto de Nuestra Señora del Buen Aire", cerca de lo que hoy es el Parque Lezama (eso se cree), cerca de la desembocadura de un riachuelo (La Boca del Riachuelo). Cuando llegaron la hospitalidad de los habitantes de la zona era muy buena, eran los Querandies, un pueblo originario que ocupaban la mayor parte de la provincia de Buenos Aires.

Pero las cosas se complicaron rápidamente, la prepotencia de los hispanos hizo que los lugareños dejansen de darle víveres y al acercarse el invierno no tenían de que comer, asi que empezaron a guerrearon para que escarmienten y les demuestren respeto al "Adelantado". Al fundar el rancharía español estaban cerca de ellos una toldería, que no quisieron ser parte servil de ellos, una noche se fueron rió arriba (por el Riachuelo).

Don Pedro de Mendoza quiso darle un escarmiento y puso a su hermano Diego de Mendoza al mando de trescientos hombres que partieron rápidamente de campaña, realizaron varias batallas contra tolderías, probocando la muerte de cientos de querandies, a partir de ese momento esa zona le comenzaron a decir "el lugar de las matanzas". La campaña era exitosa, ya que las tolderías eran habitadas por pocas personas y sus primitivas armas eran obsoletas a sus mosquetes, pero al llegar al margen de otro río se encontraron con una toldería que había mas de 3.000 originarios.
La batalla se libro el 16 de junio de 1536, fue tal derrota y la perdida de soldados españoles que dejo desguarnecido el nuevo puerto. Se dice que ahí entre los muchos "valientes" perdió la vida el capitán Diego de Lujan, que moribundo se arrojo contra los impuros en su caballo que se perdió en las aguas del río, hoy llamado por eso "Río Lujan".
Después de eso el rancherio quedo a merced del hambre, de los ataques de los querandies y de los furiosos tigres que habitaban la zona.

Los relatos y dibujos de Ulrico Schmidll son por demás elocuentes y los habitantes del puerto llegaron a comerse a los caballos muertos de hambre, hasta se llego al canibalismo (hay un cuento escalofriante escrito por Mujica Lainez). Ya a finales del año la población estaba diezmada y el "Adelantado" decidió abandonar el maldito rancherio para subir al fuerte Santic Spiritu (en la provincia de Santa Fe) en donde el pueblo originario era menos hostil.

Cuenta una leyenda que en esos días se escapo una mujer de apellido Maldonado, esta se refugio en una cueva y encontró una leona que estaba dando luz, a la cual ayudo a dar dos cachorros. Luego la ayudo a conseguir alimentos y fue cuando se topo con una tribu querandies que al ver que la leona trato de defenderla la respetaron e invitaron a unírseles.
Tiempo después fue capturada por los españoles y para su escarmiento fue atada a un árbol a orillas de una arroyo para que los pumas o yaguares que habitaban el lugar hicieran de ella un festín. Pero para sorpresa de los hispanos al volver al día siguiente encontraron que dos pumas la estaban cuidando y se les enfretaron. Eran aquellos cachorros que ella les ayudo a nacer. Huyeron al disparo de armas de fuego y perdonaron a la mujer. Por eso llamaron al arroyo "Maldonado", hoy entubado debajo de la Juan B. Justo.

He aquí el origen del Río Matanza, el Río Lujan y el Arroyo Maldonado. Lastima que, salvo el Lujan, no se pueda disfrutar...

jueves, 16 de julio de 2009

Honduras, nota de Gelman

Sabían y ayudaron un poquito (Pagina/12, 16/7/2009)

Por Juan Gelman


La Casa Blanca conocía desde hacía meses el golpe que se preparaba en Honduras, aunque ahora los voceros del Departamento de Estado finjan una inocencia sorprendida. El actual embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, lo sabe muy bien: el 12 de septiembre de 2008 llegó al país centroamericano y, nueve días después, el ahora golpista general Romeo Vásquez declaraba por la emisora HRN que lo habían buscado “para botar del gobierno al presidente Manuel Zelaya Rosales” (www.proceso.hn, 21-9-08). Agregó: “Somos una institución seria y respetuosa, por lo que respetamos al Señor Presidente como nuestro Comandante General y nos subordinamos como manda la Ley”. Igualito que Pinochet antes de alzarse contra Salvador Allende. Cualquier semejanza es apenas obra de la realidad.

El 2 de junio de este año, Hillary Clinton acudió a Honduras para participar en una reunión de la OEA. Entrevistó a Zelaya y le manifestó su disconformidad con el referéndum que el mandatario planeaba llevar a cabo simultáneamente con las próximas elecciones presidenciales. Funcionarios norteamericanos señalaron que “no creían que ese plebiscito fuera constitucional” (The New York Times, 30-6-09). Seis días antes del golpe, el diario hondureño La Prensa informaba que el embajador Llorens se había reunido con políticos influyentes y jefes militares “para buscar una solución a la crisis” causada por el referéndum (www.laprensahn.com, 22-6-09). La “solución” encontrada es notoria.

Es difícil suponer que los mandos militares de Honduras, armados por el Pentágono y formados en la Escuela de las Américas, que a tantos dictadores latinoamericanos les enseñó cómo hacerlo, se hayan movido sin el acuerdo de sus mentores. Por lo demás, los golpistas no ocultaron las razones de su acto: Zelaya se estaba acercando demasiado al “comunista” de Chávez, el venezolano más odiado por la Casa Blanca: en julio de 2008, bajo su mandato, Honduras adhirió a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), el nuevo “eje del mal” en América latina. Demasiado, ¿verdad?

Demasiado, sí, porque Honduras es territorio estratégico para el Pentágono, que desde la base de Soto Cano, donde se estacionan efectivos de la fuerza aérea y de la infantería estadounidenses, no sólo domina América Central: este verdadero enclave es fundamental en el esquema militar de EE.UU. para una región rica en recursos naturales. Aunque nunca tocó los intereses de las corporaciones extranjeras ni de los dueños locales del poder económico, Zelaya constituía un peligro de “desestabilización”. Cabe señalar que el referéndum sobre la convocatoria o no de una Asamblea Constituyente que podría permitir la reelección de Zelaya no era vinculante. Nadie se molestó en Washington por la reforma constitucional que permitió en Colombia la reelección de Alvaro Uribe, gran aliado de EE.UU., que ni siquiera fue plebiscitada. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Los golpistas hondureños son impresentables. El general Romero Vásquez Velásquez, echado por Zelaya, de regreso con el golpe y autor del secuestro y expulsión del presidente, fue alojado en la penitenciaría nacional en 1993 junto con otros diez miembros de una banda acusada de robar 200 automóviles de lujo (www.elheraldo.hn, 2-2-93). Era entonces mayor del ejército; como general, se dedica a robar un gobierno elegido en las urnas. Otro impresentable es el ministro consejero Billy Joya, que no hace honor a su apellido (o sí, según se mire): fue jefe de la división táctica del batallón B3-16, el escuadrón de la muerte hondureño que torturó y “desapareció” a numerosas personas en los años ’80. El “Licenciado Arrazola” –uno de sus alias– es un experto en la materia: estudió los métodos de las dictaduras argentina y chilena (www.michelcollon.info, 7-7-09). Son antecedentes conocidos, pese a lo cual, o por eso mismo, fue elegido para formar parte del régimen golpista, tan democrático pues.

La represión en Honduras continúa. El jueves de la semana que pasó fue detenido el padre de Isis Obeid Murillo, el joven de 19 años asesinado por el ejército en el aeropuerto de Tegucigalpa: tuvo la peregrina idea de exigir públicamente justicia para su hijo (www.wsws.org, 11-7-09). Los salvadores de la democracia expulsaron a periodistas de Associated Press, desaparecieron de la pantalla al Canal 21 y efectivos armados ocuparon el canal 36 (Miami Herald, 1-7-09). Es la concepción de la libertad de prensa que caracteriza a los golpistas.

La Casa Blanca sigue blanda con lo que calificó de “acto ilegal”. Hillary se niega a llamarlo “golpe de Estado” porque eso implicaría automáticamente el cese de la ayuda económica y militar estadounidense a Honduras. Las conversaciones sobre un arreglo pacífico que tienen lugar en Costa Rica, en las que el presidente Oscar Arias actúa de mediador a pedido de Obama, son una farsa. Pero tienen un costado importante: entrañan un reconocimiento oficioso del régimen impuesto. Arias ya anunció que tratará de “presidente” tanto al golpista Micheletti como al mandatario elegido en las urnas y depuesto. Esto sí que es ecuanimidad.


miércoles, 8 de julio de 2009

La Gloria: origen de la gripe porcina


El pasado 20 de marzo, cuando todavía no se había descubierto la existencia de esta mutación del virus de la gripe porcina, Bertha Crisóstomo, agente municipal de La Gloria, poblado del municipio de Perote Veracruz, solicitó apoyo a la Secretaría de Salud de México por un brote de infecciones respiratorias que afectaba a 60 por ciento de los 3 mil habitantes del poblado, unas 1.600 personas. También en un reportaje publicado por Milenio antes de que se conociera el origen del brote, se describía como muchas familias habían sido víctimas frecuente de enfermedades gastrointestinales y de las vías respiratorias, típicos síntomas de la gripe.


José Luis Martínez, un residente de La Gloria, de 34 años, dijo que supo de qué se trataba en cuanto se enteró de la gripe porcina por las noticias y sus síntomas: fiebre, tos, dolor en las articulaciones, jaquecas intensas y, en algunos casos, vómitos y diarrea. "Cuando lo vimos por televisión, nos dijimos Esto es lo que tenemos"", dijo el lunes.

A estas sospechas populares se ha sumado una consultora estadounidense dedicada a biovigilancia, Veratect Corporation, la cual ha identificado el inicio del brote del nuevo virus de influenza en una comunidad de Perote.

Es en Perote, una localidad del estado de Veracruz, donde se encuentra Granjas Carroll, una multinacional que pertenece en un 50% a Smithfield Foods, Inc., con sede en Virginia EEUU. No opera dentro de EEUU porque fue sancionada por la contaminación que provocaron sus criaderos de cerdos. Granjas Carroll de México, S de RL de CV, inició sus operaciones en Perote en 1994 y anualmente produce alrededor de ochocientas mil cabezas, lo que la sitúa como una de las tres principales productoras de cerdo en la República Mexicana.

En un informe de la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados del Congreso de México se describe una serie de anomalías de la empresa porcina, entre las que destacan las siguientes: 1. Las áreas de eliminación de desechos, no están lo suficientemente alejadas de las fuentes de agua. 2. El agua se extrae indiscriminadamente de los pozos para lavar los residuos. 3. Las lagunas de tratamiento no cuentan adecuadamente con geomembranas, filtros y fosas de tratamiento biológico. 4. El aire de la localidad presenta un aumento de amoniaco y otras sustancias debido a que las lagunas de oxidación son mal llevadas. 5. Los suelos están totalmente erosionados. 6. Los olores fétidos ponen en entredicho la calidad del aire. 7. El consumo del agua en las granjas mayor que el de todas las poblaciones de la región.

La situación de contaminación ambiental provocada por las granjas y el consiguiente problema para la salud humana fue denunciada por un grupo de ecologistas. En enero de 2007, diferentes vecinos de Perote se manifestaron contra la contaminación ocasionada en el Valle de esta localidad por la empresa Granjas Carroll México S.A. El ocho de abril de 2008, miembros de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) detuvieron al campesino Guadalupe Serrano Gaspar en cumplimiento de una orden judicial por el presunto delito de ataques a las vías generales de comunicación durante las manifestaciones contra la contaminación de Granjas Carroll. Después de prestar fianza por importe de 8.500 pesos, pudo recuperar su libertad, pero a un año de su encarcelamiento el proceso penal sigue abierto en el jugado primero de distrito con sede en Puebla. Los directivos de esta empresa también han presentado denuncias penales contra los ciudadanos que se han manifestado para defender el medio ambiente, como es el caso de Verónica Hernández Argüello, Bertha Crisóstomo y Margarita Hernández Burgos.

Además, estos cinco ciudadanos están denunciados por un delito de difamación contra la empresa. Margarita Hernández Burgos declaró: “Protestar porque nos están envenenando es temer siempre de que nos vaya a suceder algo; aquí Granjas Carroll es la que manda, aun sobre las autoridades”. Uno de los ambientalistas recordó que en 2008, cuando se abrió un nuevo proceso en su contra por difamación ante la agencia del Ministerio Público de Perote, el encargado de la oficina les recomendó: “No se metan con empresas que manejan dólares, ustedes están muy pobres para poder con ellos”.

Los activistas han denunciado el desastre ecológico causado por las lagunas de oxidación donde se vierten excrementos y residuos químicos a cielo abierto y sin membranas ecológicas que impidan la filtración de líquidos a los mantos freáticos. En estas balsas se reproducen nubes de moscas que facilitan la transmisión de agentes patógenos. Al parecer, esa contaminación habría sido la causante de un brote de infecciones respiratorias ocurrido recientemente en La Gloria, cuando muchos habitantes enfermaron de neumonía. Tan sólo en este poblado de la Gloria, las brigadas de salud atendieron más de 400 consultas por enfermedades respiratorias del 23 al 27 de marzo pasado.

La Secretaría de Salud de Veracruz que negó anteriormente la existencia de casos de de influenza en esa comunidad, reconoció este domingo que, al menos, le constaban dos casos positivos, uno de tipo B, la infección estacional, y el segundo, del niño Édgar Hernández Hernández, con la cepa H1N1, de fiebre porcina.

La empresa ha desmentido que el brote tenga nada que ver con sus instalaciones y ha publicado que no cuenta con registro de brotes de influenza porcina en ninguno de sus 907 trabajadores, ni en sus más de 500.000 cerdos en desarrollo en los estados de Veracruz y Puebla.

Independientemente de la directa responsabilidad de la granja denunciada, es evidente que las condiciones insalubres de las explotaciones ganaderas en países en vías de desarrollo han sido en gran medida causantes de las mutaciones de los virus de las gripes aviar y porcina y su posterior contagio a los humanos. Trasladar este tipo de instalaciones contaminantes a un estado con menos exigencias medioambientales se ha demostrado que no es ninguna solución. Como podemos comprobar, la ecología y la salud humana no conoce de fronteras. Permitir condiciones insalubres de trabajo en cualquier parte del globo acaba afectándonos a todos nosotros, aun cuando siempre los más damnificados son los más débiles, tanto sean física como económicamente.

domingo, 28 de junio de 2009

Buenos Aires y su santo

La elección:

Cuenta la leyenda que el día era lluvioso y la humedad calaba los huesos en un rancho que hacia de cabildo de la reciente re-fundada Buenos Aires, era el 20 de Octubre de 1580 y como era de costumbre en las ciudades hispanas se tenia que elegir un santo patrono.

El método era simple para un pueblo sin gran importancia, se introducía en una bolsa de terciopelo negro los nombres de los santos y por sorteo se lo seleccionaba.

El primer nombre que salio fue “San Martin de Tours”, santo muy popular en la enemiga Francia el siglo XVI. Todos tuvieron de acuerdo de realizar nuevamente el sorteo, volvieron el papelito a la bolsa. El segundo intento: “San Martin de Tours”, el azar jugaba en contra de los orgullosos ibéricos. Nuevo intento, y para sorpresa de los presente, otra vez “San Martin de Tours”. Esta vez creyeron que la voluntad divina quiso que este santo fuera el patrono de la ranchería llamada Nuestra Señora del Buen Ayre.


El santo:

Martín de Tours, nacido en Sabaria (Hungría) en 316 y falleció en Candes (Francia) en 397.

De joven se traslado al Pavia, verdadera capital de la cristiandad del Bajo Imperio Romano en esa época, en donde comenzó una carrera militar en la guardia imperial. Ingresó con 15 años en la guardia imperial romana, en la que sirvió hasta el año 356, primero en Italia y luego en la Galia.

La leyenda más famosa en torno a su vida sucedería en el invierno de 337, cuando estando Martín en Amiens (hoy Francia) encuentra a un mendigo tiritando de frío, a quien da la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenece al ejército romano en que sirve. Esa noche Cristo se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto. Entonces Martín decide entonces dejar el ejército romano y convertirse. Deja la vida militar, se bautiza y se une a los discípulos de San Hilario de Poitiers en la ciudad de Poitiers.

En el año 370 es nombrado Obispo de Tours. Su vida pastoral se caracterizó por la evangelización y la lucha contra las costumbres paganas. También como obispo participo de uno de los cismas de la iglesia prehistórica: el Priscilianismo.

Murió en Candes en el año 397. Su vida fue escrita en el momento por Sulpicio Severo y fue canonizado a los pocos años de su muerte.

Es considerado patrono de los soldados, tejedores y fabricantes textiles. Patrono de Francia, de Hungría y de las ciudades como Groninga, Colonia Tovar, Las Fraguas, Quillota y Orense. Tiene más de 4.000 templos a lo largo del mundo

Su festividad se celebra el 11 de noviembre, coincidiendo con la matanza del cerdo en muchas regiones de España, de ahí el origen de la expresión "a cada cerdo le llega su San Martín".



El Santo, la colonia y el Virreynato:

Buenos Aires fue por mucho tiempo un pueblo de pequeñas dimensiones, en donde el lujo era solo para unos pocos, el comercio solo rondaba entre el tráfico de esclavos para Potosí y unas pocas mercaderías. No había mucha diversión, la vida era bastante monótona y aburrida.

Como es costumbre en cualquier pueblo de origen español, el día festivo por excelencia es la fiesta de su patrono, en Buenos Aires no era la excepción.

Todos los 11 de noviembre se celebraba con juegos de pato (se dice que el origen de este juego nació en estas fiestas hacia el 1670), juegos de cañas, baile, fuegos artificiales y saraos. Estas fiesta se hicieron siempre frente a la Catedral, en la Plaza Mayor (hoy plaza de Mayo) y se hicieron hasta mediados del siglo XIX, perdiéndose en mero recordatorio eclesiástico.

Juan de Garay proyecto en 1583 el Hospital San Martin:



Y por lo tanto esa calle se llamo “San Martin” en el siglo XVII, ahora esta calle no ha cambiado de nombre desde esa época, es la misma que parte de Plaza de Mayo y termina en Retiro hoy en día. Es decir que esta calle del centro porteño no es por el padre de la patria Jose de San Martin, sino por el patrono de la ciudad.

En la catedral se monto una capilla con una imagen del patrono, la cual se usaba para los festejos patronales. La misma esta a la izquierda del templo, pero nunca tuvo iglesia propia en Buenos Aires hasta finales del siglo XIX.



El Santo y su expulsión:

Sucedió durante la gobernación de Rosas, y el documento decía esto:

"¡Viva la Santa Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios!

"Buenos Aires, 31 de julio de 1839, año 30 de la Liber­tad, 24 de la Independencia y 15 de la Confederación.

"El gobierno, considerando que esta ciudad fue puesta desde su fundación bajo la protección de un francés, San Martín, natural de Tours, quien no ha sabido hasta la fecha librar a esta ciudad de las fiebres periódicas, escarlatinas, ni de las secas y epidemias continuas que en diferentes épocas han arruinado nuestra campaña, nuestras cosechas y nuestros ganados, ni de las extraordinarias crecientes de nuestro río que destruyen casi anualmente una cantidad de obras y monumentos de la ciudad que se encuentran sobre la costa.

"En fin, que la viruela acaba de desaparecer a causa del descubrimiento de la vacuna, sin que el patrono por su parte haya jamás hecho el menor esfuerzo para librarnos de esa terrible calamidad.

"Que para combatir las invasiones de los indios en la frontera, para sostener las guerras civiles y extranjeras que nos han sobrevenido, hemos tenido que recurrir en el primer caso a la Santa Virgen de Luján, en el segundo a la Virgen del Rosario y la Merced y también a Santa Clara Virgen, con cuyo único consuelo hemos podido triunfar, mientras que nuestro patrono, el francés, permanecía indi­ferente en el cielo sin ayudarnos en lo más mínimo como era su deber.

"En vista de los motivos expuestos venimos en decretar y decretamos:

"Artículo 1°) El francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy el patrón de esta ciudad, habiendo perdido la confianza del pueblo y del gobierno, abandonado por sus compatriotas, aliado del traidor Rivera y demás salvajes unitarios, es destituido para siempre del empleo de patrón de Buenos Aires".

Era la época que los franceses bloqueaban al puerto y la Cámara de Representante elevo este proyecto, el mismo Restaurador lo rechazo, si el mismo era el que presidía la fiesta de los 11 de noviembre, pero igual fue usado como estandarte de la oposición que estaba en Montevideo por aquellas épocas.





El Santo y la ciudad:

Creo que la mayoría de las personas que pasan por esta calle no lo saben. El prócer tiene varias calles en su honor. La que esta en el centro no por Jose de San Martin.

En la época de la independencia le cambiaron el nombre de la calle original por Victoria o Catedral a instancia de Rivadavia que quería sacar todo lo religioso de la ciudad, cambiando nombre de calles como San Carlos, Santísima Trinidad, San Fermín, San Pedro, San Bartolomé, Santo Domingo, San Cosme, etc. Estaba todo el santoral, como cualquier ciudad hispana. Pero el considerado el primer presidente de la Argentina no quería eso para una ciudad que podía ser “europea” con nombre mas modernos.

Pero en la época de Rosas la calle San Martin volvió a aparecer en los planos de la ciudad que fue creciendo. No en el trazado original, pero es la calle siguiente, la original San Martin es la hoy Defensa/Reconquista y la antigua Santísima Trinidad es hoy Bolívar/San Martin, es decir que siguió siendo la calle del otro lado de la Catedral.

Durante la presidencia de Avellaneda se inauguró la plaza que esta en el barrio de la Recolecta con el nombre del santo y hay una estatua recordando la imagen del mendigo y el santo.

En 1931 durante la dictadura de Uriburu se inauguró la capilla del santo y le pusieron el nombre de la calle en donde esta, en el barrio de Palermo. Lo extraño que habiendo ya una calle con el nombre del santo, pusieron dos calles. No es algo extraño en la capital argentina, hay dos calles con el nombre Jose de San Martin (Avenida Libertador Jose de San Martin y Avenida San Martin), varias calles Sarmiento (Sarmiento, Avenida Sarmiento y Fragata Sarmiento). Es un poco contradictorio la cartografía de la ciudad, ignorando a varios personajes de la historia duplican nombres de calles de otros.

Hoy en día la fiesta patronal se limita a una celebración religiosa en su propia capilla en los 11 de noviembre de cada año, pero son muchos los grupos religiosos que intentan que sea tomado como feriado como lo hacia en viejas épocas y como se hace en la mayoría de la ciudades en todo el país, pero no deja de ser una pretensión casi ambigua para una ciudad que creció demasiado y con el tiempo ignoro a su patrono.

miércoles, 10 de junio de 2009

Juan B. Alberdi, un olvidado...

Juan Bautista Alberdi

(Tucumán, 1810 - Nueilly-Sur-Seine, 1884)

Autor: Felipe Pigna

Juan Bautista Alberdi, el inspirador de la Constitución Nacional y uno de los más grandes pensadores argentinos, nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Su madre, Doña Josefa Rosa de Aráoz, murió en el parto y el niño quedó al cuidado de su padre, Don Salvador Alberdi. En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano. A los once años perdió a su padre, y sus hermanos Felipe y Tránsita se hacen cargo de él y gestionan una beca para que continúe sus estudios en Buenos Aires.

En 1824, con 14 años, llegó a Buenos Aires e ingresó en el Colegio de Ciencias Morales. Tenía como compañeros a Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzará una profunda amistad. Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos corporales, y le pidió a su hermano Felipe que lo sacara de allí. Dejó momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos. Mientras trabaja como empleado en una tienda, leía apasionadamente a Rousseau, estudiaba música, componía y daba conciertos de guitarra, flauta y piano para sus amigos. En 1831, retomó sus estudios, ingresó a la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Leyes, pero no abandonó sus gustos musicales. En 1832, escribió su primer libro: El espíritu de la música. Buscando escapar un poco a la pesada atmósfera que imprimía el régimen rosista al ambiente intelectual de Buenos Aires, decidió continuar sus estudios en Córdoba, donde se gradúa de Bachiller en Leyes.

En 1834, regresó a su provincia y escribió Memoria descriptiva de Tucumán. Su hermano Felipe se había convertido en un colaborador cercano del gobernador tucumano Alejandro Heredia y le solicitó una carta de recomendación para que Juan Bautista pudiera presentarla a alguna personalidad influyente de Buenos Aires. A poco de llegar a Buenos Aires, Alberdi se dirigió a la dirección indicada y allí lo esperaba el amigo de Heredia a quien le entregó la carta. Juan Facundo Quiroga leyó el escrito y le dijo al joven tucumano que le convendría estudiar en los Estados Unidos más que en Buenos Aires y que él estaba dispuesto a pagar todos los gastos. Alberdi se entusiasmó con la idea pero desistió cuando estaba a punto de zarpar. Pocos día después, en febrero de 1835, Facundo Quiroga moría asesinado en Barranca Yaco, Córdoba, y Rosas asumía por segunda vez la gobernación de Buenos Aires, esta vez con la suma del poder público.

Desde 1832, un grupo de jóvenes intelectuales venía reuniéndose en la librería de Marcos Sastre. Alberdi se incorporará a este grupo, compuesto, entre otros, por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, que fundará el 23 de agosto de 1835 el Salón Literario, un verdadero centro cultural y de difusión de las nuevas ideas políticas, vinculadas al romanticismo europeo.

En 1837, Alberdi publicó una de sus obras más importantes Fragmento Preliminar al estudio del Derecho, donde hacía un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. El texto fue duramente criticado por los antirrosistas exiliados en Montevideo porque, si bien atacaba duramente al despotismo, no hacía ninguna referencia a Rosas.

Por entonces, Alberdi alquilaba una habitación junto a Juan María Gutiérrez en la casa de Mariquita Sánchez de Thopmson. Allí, en el mismo piano en el que se interpretó por primera vez el himno, Alberdi componía sus Minués Argentinos.

Durante ese mismo año, se inició en el periodismo con la publicación de La Moda, gacetín semanal de música, poesía, literatura y costumbres. Aparecieron 23 números y en sus artículos, Alberdi, que firmaba bajo el seudónimo de "Figarillo" intentaba burlar a la censura del rosismo y dejaba deslizar frases como esta: "los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad".

En junio de 1838 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez funda la Asociación de la Joven Generación Argentina, siguiendo el modelo de las asociaciones románticas y revolucionarias de Europa. Este grupo de intelectuales pasará a la historia como la "Generación del 37".

La mazorca, la policía secreta de Rosas, comenzó a vigilar de cerca las actividades de la Asociación y comenzó la persecución. Alberdi optó por exiliarse en Uruguay dejando en Buenos Aires un hijo recién nacido y varios amores inconclusos.

Llegó a Montevideo en noviembre de 1838. Allí se dedicará al periodismo político colaborando en diversas publicaciones antirrositas como El Grito Argentino y Muera Rosas. De ese período son también sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El Gigante Amapolas, una sátira sobre Rosas y los caudillos de la guerra civil.

En mayo de 1843, partió con Juan María Gutiérrez hacia Génova pero con destino final París, la meca de todos los románticos de la época. Llegó a París en septiembre y visitó al General San Martín con quien mantuvo dos prolongadas entrevistas. Quedó muy impresionado por la sencillez y la vitalidad del viejo general, que lo abrumó con preguntas sobre la patria.

A fines de 1843, decidió regresar a América para radicarse, como Sarmiento, en Chile. A su paso por Río de Janeiro, intentó infructuosamente entrevistar a Rivadavia.

Alberdi vivirá durante 17 años en Chile, la mayor parte del tiempo en Valparaíso, donde trabajará como abogado y ejercerá el periodismo. En uno de sus artículos publicado en El Comercio de Valparaíso dirá: "Los Estados Unidos no pelean por glorias ni laureles, pelean por ventajas, buscan mercados y quieren espacio en el Sur. El principio político de los Estados Unidos es expansivo y conquistador".

Al enterarse del triunfo de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, escribió en pocas semanas de trabajo afiebrado una de sus obras más importantes: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, que publicó en mayo de ese año en Chile y reeditó en julio acompañándola de un proyecto de Constitución. Se lo envió a Urquiza, quien le agradeció su aporte en estos términos: "Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad." La obra será uno de las fuentes de nuestra Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853.

Mientras que Sarmiento había abandonado Chile para sumarse al Ejército Grande de Urquiza, Alberdi permaneció en Valparaíso, atento a los problemas argentinos. Sarmiento regresó al poco tiempo desilusionado con Urquiza y acusando a Alberdi de ser su agente en Chile. Alberdi lo calificó de "caudillo de la pluma" y "producto típico de la América despoblada" y se decidió a colaborar con el proyecto de la Confederación de Urquiza. El gobierno de Paraná lo nombró "Encargado de negocios de la Confederación Argentina" ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Antes de partir hacia su misión diplomática escribió: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina y De la integridad argentina bajo todos los gobiernos”. En ambos ensayos defendía las teorías liberales de Adam Smith y David Ricardo y se oponía al monopolio, al trabajo parasitario, abogando por un orden que garantizara al productor el fruto de sus esfuerzos y elevara el nivel de vida en general.

El 15 de abril de 1855, partió finalmente hacia Europa. Pasó primero por los Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente Franklin Pierce. Luego pasó a Londres, donde conoció a la reina Victoria y, finalmente, a París, donde se radicaría por 24 años.

En 1858, se entrevistó en España con la reina Isabel II y consiguió el reconocimiento de la Confederación.

El 17 de septiembre de 1861, Mitre derrotaba en Pavón a Urquiza y ponía fin al proyecto de la Confederación. Alberdi fue despedido por Mitre de su cargo y reemplazado por Mariano Balcarce.

La situación de Alberdi no podía ser peor. Se le adeudaban dos años de sueldos como embajador y el nuevo gobierno se negaba a pagárselos y mucho menos a pagar su viaje de regreso. Comentó entonces: "el mitrismo es el rosismo cambiado de traje."

Tuvo que quedarse en París. Sus únicos y escasos ingresos provenían del alquiler de una propiedad en Chile.

Al producirse la Guerra del Paraguay, propiciada y conducida por Mitre con el apoyo del capital inglés, Alberdi, como José Hernández y Guido Spano, apoyó decididamente la causa paraguaya y acusó a Mitre de llevar adelante una "Guerra de la Triple Infamia" contra un pueblo progresista y moderno. Escribirá entonces: "Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el "país salvaje" de su cruzada civilizadora".

En 1872, bajo la profunda impresión que le produjo la derrota paraguaya en el conflicto y sus secuelas en la población del país hermano, escribió El Crimen de la Guerra donde dice: "De la guerra es nacido el gobierno militar que es gobierno de la fuerza sustituida a la justicia y al derecho como principio de autoridad. No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte se ha hecho que lo que es fuerte sea justo".

Al concluir el mandato Mitre, en 1868, asumió Sarmiento y las cosas no mejoraron para Alberdi, que debió seguir postergando su regreso. No podrá hacerlo hasta 1879 cuando una alianza entre Roca y Avellaneda lanzó la candidatura de Alberdi a diputado nacional. Llegó a Buenos Aires el 16 de septiembre de ese año. A poco de arribar se le brindó una recepción de honor en la Universidad en la que fue aclamado por los estudiantes. Por esos días, se entrevistó con el presidente Avellaneda y con el ministro del Interior: Domingo Faustino Sarmiento. Todo parece indicar que el encuentro fue cordial en un clima de reconciliación. El diario El Nacional comentó: "sus luchas tenaces y ardientes polémicas eran las de dos enamorados de una misma dama, nada menos que la patria".

Pero más allá de estas grandes satisfacciones, Alberdi se había ganado en estos años enemigos poderosos como el General Mitre, que no le perdonaba su campaña a favor del Paraguay y sus acusaciones de falsear la historia y de compararse con San Martín y Belgrano, lanzadas en su obra Grandes y Pequeños Hombres del Plata.

Tuvo una participación decisiva en los debates parlamentarios sobre la Ley de Federalización de Buenos Aires, que le dio finalmente una Capital Federal a la República.

Cuando el nuevo presidente electo en 1880, Julio A. Roca quiso que el Estado argentino publicase las obras completas de Alberdi, Mitre lanzó, desde las páginas de La Nación, una feroz campaña en contra del proyecto que terminó por ser rechazado por los senadores que también rechazaron su nombramiento como embajador en Francia. Cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del país. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: "lo que me aflige es la soledad". Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en el cementerio de la Recoleta.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

viernes, 5 de junio de 2009

El Cementerio de la Recolecta esta lleno de leyendas, pero esta salio de un caso real y de una persona conocida en su momento.
Corría el año 1902 y la muerte de una adolecente conmovió a una Buenos Aires mística.
El escritor argentino Eugenio Cambaceres se había casado con una bailarina italiana, Luisa Baccichi, de una hermosura envidiable. De ese matrimonio nació Rufina Cambaceres. El escritor murió de teberculosis por el año 1888, dejando a la viuda e hija de 4 años una fortuna que acarreaba múltiples deudas, pero con el tiempo se fue mejorando, mas aun cuando la bella viuda se convirtió en amante de un estanciero con un futuro político: el futuro presidente Hipólito Yrigoyen.

La niña Rufina a los 14 años era una joven hermosa y tenia infinidad de candidatos, pero ella era algo retraída y los trataba con indiferencia.

El 31 de mayo de 1902, cumplió 19 años, la madre organizó una enorme fiesta, como era costumbre de la época en la clase alta, luego iría escuchar música lírica al Teatro Colón.

Pero al terminar la fiesta, la madre escuchó un grito de su mucama y entro en la habitación de Rufina, muerta. Los médicos confirmaron que fue un síncope.

El día siguiente Luisa e Hipólito la sepultaron en el Cementerio de Recoleta. A los pocos días un cuidador del cementerio, avisó que encontró el ataúd de Rufina abierto y con la tapa rota en la bóveda.

Ahora comienza la leyenda en varias versiones:

La oficial declara que fue un robo, ya que la niña fue sepultada con sus mejores joyas. Sin embargo, Luisa vivió torturada por la convicción de que su hija había sufrido catalepsia y fue sepultada viva.

La leyenda cuenta que arañando el cajón Rufina logró salir y ver el cementerio. Pero las puertas de la bóveda estaban cerradas, lo que la hundió en la desesperación y volvió a morir por un ataque al corazón. Es así como una estatua hoy la representa con la mano aferrada a la reja de la bóveda, tratando de abrirla.

De como murió se dijeron muchas cosas, desde que fue catalepsia, una amiga le contó mientras se arreglaba para el teatro, que su novio era también el amante de su madre, al enterarse le generó el síncope.

Otra teoría es esta:
Su madre la drogaba todas las noches con drogas, para que Rufina este dormida mientras que ella recibía a sus amantes, entre ellos su novio.
En el día que murió le había duplicado la dosis y esto la mato
Dicen también que el novio se suicidó a los veinte días después, pero fue a la vista de todo el mundo, enfrente al mítico Tortoni
.

Al año de la muerte la familia mando a construir la bóveda que se conserva todavía en la Recolecta, esta tiene una estatua de Rufina está en la puerta y tiene una mano apoyada en el picaporte, idealizando que ella salio sin problemas de la bóveda.

Una curiosidad: El ataúd es el único de un solo bloque de mármol milanés en toda la Recoleta.


Leyendas...

lunes, 25 de mayo de 2009

El otro 25 de Mayo

Del libro "Monteagudo" de Pacho O'Donnell

La rebelión en Chuquisaca enciende su mecha cuando dos oidores, los hermanos José y Jaime Sudáñez, que preparaban con sus colegas de la Audiencia una conspiración para depo­ner a García Pizarro, son hechos prisioneros como evidencias de que éste estaba decidido a resistir; era el 25 de mayo de 1809. Al difundirse la noticia el pueblo chuquisaqueño, indu­dablemente insurreccionado por los jóvenes revolucionarios, se echó a la calle para exigir a García Pizarro la revisión de tal medida y también su renuncia. Como éste aceptase lo primero, pero se negase a lo segundo, fue detenido y en su lugar asu­mieron el gobierno los oidores con el título de Real Audiencia Gobernadora, que fue apoyada por Juan Antonio Álvarez Are­nales qué se había hecho cargo del mando militar como co­mandante general.

Este hombre de armas, español de nacimiento pero sincera­mente comprometido con', la causa americana, fue más tarde valioso colaborador de Belgrano en el Alto Perú y de San Mar­tín en su toma de Lima.

Los sublevados de Chuquisaca tendieron sus tentáculos ha­cia La Paz; lugar donde conspiraban desde hacía ya tiempo va­rias patriotas y que se pronunció el 16 de junio bajo el lideraz­go de Pedro Murillo y Manuel Jaén.

Es de gran interés conocer la proclama que desde Chuqui­saca es enviada a La Paz y que se encuentra en el Archivo Ge­neral de la Nación: "Proclama de la Ciudad de La Plata (como también se conocía entonces a Chuquisaca). A los valerosos ha­bitantes de la ciudad de La Paz: Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria: hemos visto con indiferencia por más de tres siglos, inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usur­pador injusto, que degradándonos de la especie humana nos ha perpetuado por salvajes, y ',mirado como a esclavos; hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto cíe su humillación y rumia. Ya es tiempo pues de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad como favorable del orgu­llo nacional del español; ya es' tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra Patria altamente deprimida por la bastarda política de Madrid; ya es tiempo en fin de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conser­vadas con la mayor injusticia y tiranía".

Este extraordinario documento, fechado el 18 de agosto de 1809, es decir varios meses antes de la proclama del 25 de ma­yo de 1810 en el Río de la Plata, está originado, según todas las evidencias y las investigaciones de algunos historiadores, en la pluma del precoz Monteagudo. Su lectura limita toda enga­ñosa especulación en torno a la lealtad a Fernando VII de los verdaderos revolucionarios de América. Es innegable que estas palabras apuntan en forma prístina a la ruptura definitiva de las relaciones de sujeción entre la Metrópoli y sus colonias.

Monteagudo fue designado por la Audiencia a cargo. Del gobierno en una misión especial que consistía en la intercep­ción del correo que venía desde Buenos Aires y que antes de llegar a Chuquisaca pasaba por,, Potosí, a cargo del gobernador Francisco de Paula Sánz, que aunque había expresado su soli­daridad con el movimiento chuquisaqueño nadie dudaba acer­ca de sus simpatías por las autoridades depuestas.

El tucumano es rápidamente asaltado por una partida que responde a Sánz y es puesto en prisión. El argumenta, con la habilidad que lo caracterizó siempre, que su misión era de ab­soluta lealtad con el rey de España y que tan gravísimo error no dejaría de tener consecuencias. Quizás impresionado, el go­bernador de Potosí, cuando se entera, ordena la inmediata li­bertad del ardoroso revolucionario. La medida se cumple, con demora, lo que indigna a Monteagudo y cava la fosa de Sánz; quien meses más tarde pagará con' su vida el rencor de ese jo­ven apasionado, dispuesto a cumplir con sus tareas revolucio­narias más allá de todas las dificultades.

Estas no tardaron en volverse a presentar ya que al llegar a Tupiza fue también detenido y puesto en prisión, esta vez por el coronel Benito Antonio de Goyena, con el pretexto de no haber sido notificado del cambio de autoridades determinado por los sucesos del 25 de mayo de 1809. El asesor de dicho co­ronel era Pedro José Agrelo, más tarde destacada figura de nuestra independencia, pero por entonces al servicio de las au­toridades realistas en el Alto Perú.

Evidencia de la ya vigorosa personalidad de Monteagudo es la habilidad y coraje con que responde a Goyena y Agrelo. Así, cuando se lo interroga acerca de si los oidores de Chuquisaca daban por sentado que el susodicho coronel acataría o no sus órdenes, el abogado tucumano responde que la misma noche en que su designación fue firmada, en conversación privada con el oidor Ussoz y Mosi y con el señor fiscal Miguel López, les oyó decir que Goyena acataría sus órdenes, a pesar de su lealtad con el gobernador Sánz, debido a que "tiene talento y sabe que es mucho lo que puede perder".

No se agota aquí la velada amenaza de aquel joven engrilla­do ante sus poderosos carceleros, sino que además, como al pasar, comenta que el encargo de apoderarse del correo era para confirmar lo ya sabido: que una revolución similar a la de Chuquisaca y La Paz había también estallado en el Río de la Plata y en Lima.

Esa primera experiencia le demostró dramáticamente cómo las insurrecciones de La Paz y de Chuquisaca iban perdiendo vigor a medida que crecían las voces dialoguistas y moderadas, partidarias de llegar siempre a un acuerdo con el enemigo an­tes de combatirlo con vigor. Como si fuera posible conciliar con quien sólo sabía doblegar a sus colonizados, convencida España de que era ese su derecho divino y una obligación na­cional.

El virrey de Lima, Abascal, ordenó al brigadier Goyeneche reprimir a los insurrectos de La Paz, misión que cumplió con extremada crueldad, pasando por las armas a los cabecillas Murillo, Jaén, Sagárnaga, Medina y otros. Fue mucho lo que Monteagudo aprendió de estas jornadas, pues la insurrección fue sofocada no sólo por la eficiencia de un ejército disciplina­ do, y bien armado, bajo las' expertas órdenes de un militar de carrera como Goyeneche, sino también, y quizá principalmen­te, por la anarquía desatada' en las filas patriotas corroídas por las celosas disputas entre sus líderes, circunstancia que fue fo­mentada por agentes al servicio del Rey.

Como si no hubiera bastado con la natural crueldad de Go­yeneche, también intervino la perentoria orden del Virrey, quien lo conmina a "ejecutar a aquellos cuya muerte se había suspendido y para juzgar militarmente a los demás"... El jefe realista, a su vez, ordena: "Después de seis horas de su ejecu­ción se les cortarán las cabezas a Murillo y a Jaén y se coloca­rán en sus respectivas escorpias construidas a ese fin, la prime­ra en la entrada del' Alto Potosí y la segunda en el pueblo de Croico para que sirvan de satisfacción a la Majestad ofendida, a la vindicta pública del reino y de escarmiento a su memoria".

Para tener una idea del tenor de las demás penas valga co­mo ejemplo la sentencia de don Manuel Cossio: "sedicioso al­borotador instrumento de los principales caudillos en los fu­nestos acaecimientos de todo el tiempo de la sublevación, le condeno a que sea pasado, por la horca, luego de que sean ajusticiados los demás reos, cuya ejecución presenciará monta­do en un burro de albarda" No se trataba sólo de matar sino también de denigrar, como supremo escarmiento para que na­die volviera a intentarlo.

Luego de la represión en La Paz sobrevendría el sofoca­miento de los amotinados en Chuquisaca. Fue el virrey Cisne­ros quien comisionó al mariscal Vicente Nieto para que al frente de un contingente dé 1.500 hombres se dirigiera a to­rnar esa plaza, lo que se cumplió sin mayores dificultades debi­do a la desmoralización en que se encontraban ya las filas pa­triotas. La acción de Nieto fue considerablemente distinta a la de Goyeneche, ya que la represión no fue tan sangrienta como la de éste sino que se limitó á condenas de azotes y de prisión para los conjurados, seguramente debido al respeto que impo­nía la ubicación social y talante intelectual de los profesores y doctores de Chuquisaca. También porque muchos alumnos pertenecían a familias patricias y ligadas al poder virreinal.

Es cíe imaginar el ímpetu que Monteagudo y otros pusieron para evitar un final tan desangelado de lo que fue el primer grito insurreccional en América del Sur, pero sus entusiasmos se estrellaron contra la pusilanimidad de quienes se apresura­ron en entrar en disculpas y negociaciones con quienes venían a reprimirlos y así obtener alguna posición ventajosa ante los nuevos dueños de la situación. Ni siquiera sirvió que el valien­te Arenales hubiese informado a la Audiencia de que contaban con el apoyo de sus tropas para oponerse al avance de Nieto, lo que le valió ser tomado prisionero y enviado a las prisiones del Callao,

"No hay duda -escribiría el abogado tucumano tres años más tarde- que los progresos hubieran sido rápidos si las de­más provincias hubiesen igualado sus esfuerzos atropellando cada una por su parte. Mas sea por desgracia o porque quizás aún no llegó la época, permanecieron neutrales Cochabamba y Potosí, burlando la esperanza de quienes contaban con su unión."

Cabe pensar que con su encarcelamiento, Sánz evitó la mi­sión principal del joven revolucionario: insurreccionar Potosí. No consta que Monteagudo fuera sometido a un juicio que hubiese concluido en una casi segura condena a muerte. Quizá porque gozaba de un alto prestigio en la población de Chuqui­saca y también debido a que, su juventud lo exculpaba de ma­yores responsabilidades ante los ojos de los partidarios del Rey. La liviandad con que se, lo trató hace suponer que no se tuvo en cuenta su importancia como significativo orientador del movimiento revolucionario e inspirador de muchas de las ideas que lo sostuvieron.

"Luego que la perfidia armada mudó el teatro de los suce­sos, empezó el sanguinario Goyeneche a levantar cadalsos, ful­minar proscripciones, remachar cadenas, inventar tormentos y apurar, en fin, la crueldad hasta oscurecer la fiereza del teme­rario Desalines. Las familias arruinadas, los padres sin hijos, las esposas sin maridos, las tumbas ensangrentadas, los calabozos llenos de muerte; sofocado el llanto porque aun el gemir era un crimen y disfrazado, el luto el solo hecho de vestirlo mostraba cómplice al "que lo traía." ("Mártir o Libre", 25 de mayo de 1812.)

Monteagudo no sólo era tan revolucionario de acción vigoro­sa, sino también, como testigo del dolor, se obligó siempre a ga­rantizar la memoria de su pueblo, con pluma ágil y encendida.